Workshops: Qué son y cómo organizarlos

El término workshop es un préstamo del inglés que significa literalmente “taller”. Sin embargo, esta palabra se ha popularizado en el mundo del deporte, en el que sirve para designar a un evento particular de formación y/o entrenamiento, en el que los empleados o clientes se reúnen y aprenden habilidades o ejercitan sus talentos, en pro de mejorar un área específica de su disciplina deportiva.

Los workshops son cursos intensivos, a los que se asiste para desarrollar algún talento o habilidad lo más rápida y enfocadamente posible, esto es, siempre con el ojo puesto en los beneficios que la organización tendrá al brindar a su equipo estas herramientas de formación.

Para ello, los workshops suelen estar en manos de un especialista o profesional del área a desarrollar.

Aunque a menudo tienen una parte teórica o de charla, los workshops suelen ser dinámicos y suelen ir directo al grano, por lo que fomentan la participación y una actitud activa, participativa, de parte de los asistentes.

En eso se distinguen de las conferencias o los cursos. Además, no suelen abordar conocimientos de índole general, sino aplicada: con un workshop siempre se busca resolver un problema o potenciar un talento.

Asimismo, este tipo de eventos suelen ser breves (4 horas máximo) y esporádicos, de modo que suponen un trabajo intensivo que entorpezca lo menos posible el funcionamiento de la empresa. Suelen ser más breves que un seminario o un curso, y también mucho más versátiles: trabajo en equipo, talentos específicos, atención al cliente, capacitación, prevención de accidentes, etc.

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Consejos para realizar un workshop exitoso

Conviene llevar a cabo el workshop en un espacio que no entorpezca la experiencia. Para que una experiencia de workshop tenga éxito, se recomienda lo siguiente:

ELEGIR EL ESPACIO

Un workshop es una experiencia de mucho foco en resolución de problemas o crecimiento de la labor de equipo, que se da en poco tiempo. Por lo que conviene llevarlo a cabo en un espacio que no entorpezca la experiencia: sin problemas repentinos, con servicios verificados de antemano, en donde quepan cómodamente los involucrados y, de ser posible, que les brinde una sensación de calidez, confianza e intimidad, para fomentar la participación y no hacerles sentir expuestos.

CONTAR CON EL MATERIAL DE APOYO ADECUADO

Un buen workshop siempre tiene más material disponible del que utiliza durante la sesión, de modo de poder adaptar sus estrategias al público, puesto que no todo el mundo aprende igual ni reacciona igual ante los mismos estímulos.

MANTENER UN BUEN RITMO

Se estima que el periodo de atención del ser humano dure unos 45 minutos continuos, razón por la cual las horas académicas tienen esa duración (y no los 60 de la hora reloj). En ese sentido, se debe mantener el ritmo de atención durante sus puntos máximos y luego brindar descanso, a través de cambios de actividades o de tono, para no abrumar y “quemar” al grupo. Intensivo, después de todo, no significa agotador, ni aplastante. Un workshop de 4 horas debe tener al menos un break de quince minutos en el medio para que los asistentes descansen mentalmente.

ACREDITAR A LOS ASISTENTES

Quienes asisten a un workshop lo hacen para crecer y mejorar, pero también deben sentir que han adquirido algo valioso, algo que colocar en sus hojas de vida. Para ello las acreditaciones y diplomas son siempre una buena idea.

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